La influencia de las pantallas en los niños a la hora de comer – Santa Teresa Gourmet

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La influencia de las pantallas en los niños a la hora de comer

 

Como ya sabes, el objetivo de Santa Teresa es tu bienestar. La base de cada una de nuestras recetas tiene como protagonista la alimentación saludable que es de capital importancia para que vivamos mejor. Desde ancianos a niños, comer bien es clave para forjar un buen desarrollo, protegernos ante enfermedades y contar con energía suficiente para afrontar el día a día. Pero ¿tan solo consiste en comer de manera equilibrada y hacer ejercicio? Lo cierto es que no y hoy vamos a tratar un ejemplo que, desgraciadamente, cada vez es más habitual entre los más pequeños.

Hablamos de la influencia que ejercen las pantallas durante las horas de comidas en los niños. En el artículo de hoy, vamos a profundizar en esta tendencia utilizada por muchas familias, para conocer cómo afecta al buen desarrollo, tanto cognitivo como nutricional, en nuestros hijos.

Las pantallas como solución a los problemas

A buen seguro te habrás percatado de esta práctica, tanto en restaurantes como en comidas caseras. La escena se repite una y otra vez: una tablet o un móvil apoyado frente al plato de un niño, que, sumergido en los dibujos animados, se alimenta de manera acompasada con las cucharadas que le ofrecen sus padres. La atención de los pequeños queda anulada y la tarea por parte de los progenitores es mucho más sencilla.

Sobre el papel, parece una solución óptima para pasar el trago y lograr que un día más consigan acabarse la comida. Pero, ¿realmente estamos educando o tan solo estamos lanzando el problema hacia adelante? Parece evidente que utilizar este tipo de distracciones de manera continuada solo engaña su activación mental y aplaza algo tan importante como la educación nutricional. Se estima más como una salida para padres con poco tiempo o paciencia, que realmente una vía adecuada para potenciar el desarrollo de nuestros hijos.

¿Qué le ocurre a su mente cuando están frente a una pantalla

Existe una enormidad de informes, investigaciones y artículos de pediatras, logopedas y educadores que advierten de la nefasta influencia de la tecnología digital en niños de corta edad. El torrente de estímulos, información y acción pasiva, genera bloqueos a niveles de desarrollo emocional e incluso psicomotriz. En resumidas cuentas, supone un lastre para el moldeado de su cerebro, en una etapa que es fundamental para que esto se produzca de manera correcta.

Entre otras muchas afecciones negativas que supone este uso, destaca el empobrecimiento del lenguaje, problemas de atención, de sueño y reducción de su capacidad de aprendizaje. Hay estudios que apuntan que por cada hora que pierde un niño menor de dieciocho meses en el uso de un aparato digital, se le suman cincuenta minutos más de ausencia de intercambios interpersonales con el resto de la familia. Las alarmas saltan cuando se suman años, y, si este mal uso de la tecnología se sostiene en el tiempo, hablamos que, al alcanzar la preadolescencia, se puede haber perdido un tiempo de concentración equivalente a tres años escolares. Por tanto, queda claro que este es un tema más serio de lo que podría parecer a priori.

¿Cómo afectan las pantallas a la nutrición infantil?

Existe un dato aplastante y es que según un estudio de la  IJBNP (International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity) la obesidad entre los menores de doce años aumenta exponencialmente si realizan sus comidas y cenas frente a un dispositivo electrónico. Pero lo más preocupante es que el porcentaje de niños que tienen esta costumbre en los principales países de nuestro entorno asciende a casi el noventa por ciento.

En España, las informaciones oficiales sitúan el exceso de peso infantil en más de un cuarenta por ciento y en un veinte los casos de obesidad. Cifras, a todas luces, muy preocupantes.

Pero ¿por qué sucede esto? Por una parte, porque esa “anestesia” que en primer término resulta beneficiosa para los padres, supone un lastre en la percepción sensorial del resto de estímulos. Esto parece algo obvio, si el pequeño centra toda su atención en la pantalla, no lo hace en el resto de su entorno. Lo que ocurre es que se olvida del disfrute que supone la alimentación y el conocimiento gastronómico queda olvidado. Los propios psicólogos plantean que incluso en algunos perfiles, la experiencia pasa desapercibida. Como resultado, el efecto saciante queda también desplazado y esto se convierte en comidas puntuales más frecuentes, que, siguiendo el patrón educacional, suelen ser alimentos ultraprocesados o con exceso de azúcares.

Ahora que se acerca el verano y el fin de las clases, desde Santa Teresa queremos subrayar la importancia de adquirir buenos hábitos, no solo en la confección de menús, la compra de alimentos de calidad o la práctica de actividad física, sino también en el resto de las acciones que componen nuestra rutina. Una vida ordenada, sin estrés, sostenible y responsable, es el único camino para nuestro bienestar. Todo cambio empieza con un paso, y si no lo haces por ti, hazlo por los más pequeños de la casa.