¿Qué pan es más sano? – Santa Teresa Gourmet

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¿Qué pan es más sano?

 

El pan forma parte de la dieta mediterránea y está presente en casi todas nuestras comidas, ya sean familiares, de trabajo o con amigos. Por supuesto también en desayunos y meriendas, donde combinado con aceite de oliva virgen extra, se ha convertido en una tradición muy saludable en distintos lugares del país. Sin embargo, en los últimos años son muchas las voces que se han preocupado por lo beneficioso o no de su consumo de manera habitual.

En un mundo donde las harinas blancas refinadas están presentes en la mayoría de los alimentos ultraprocesados y donde el diagnóstico de afecciones relacionadas con el consumo de gluten es cada vez más habitual, se ha construido una preocupación sobre lo conveniente o no de incluir el pan en nuestra dieta.  En este artículo de Santa Teresa vamos a ayudarte a eliminar algunos mitos y lo haremos con la ayuda de nuestros amigos de Tahona de Sotillo, una de las panaderías con más éxito del panorama nacional, y cuyos productos están disponibles en todos los establecimientos de Santa Teresa en Ávila y Madrid. Es la apuesta por las materias primas locales y los procesos tradicionales, lo que nos hace caminar de la mano para ofrecer el mejor producto a nuestros consumidores.

No te lo pierdas.

¿Cómo se obtiene la harina?

Los procesos intensivos de molido consiguen eliminar en su totalidad el germen de los cereales. De esta manera, se retira el salvado y se mantiene la harina blanca que, a la postre, es la menos recomendada.

Cuanto más porcentaje de grano entero, mejor, y eso se consigue gracias al  multurado en molinos de piedra, que es el sistema que se utilizaba en la panadería tradicional y que permite su elaboración sin renunciar a las propiedades intrínsecas del cereal. En ese sentido, cada vez se restauran más maquinarias antiguas para retomar este proceso.  Después se someten a fermentaciones de veinticuatro horas para, a continuación, cocerse en hornos de piedra. Con un proceso así, el resultado es insuperable.

¿Por qué las harinas blancas refinadas son malas?

Con lo expuesto en el punto anterior, ahora sabrás que las harinas blancas refinadas no son otra cosa que el fruto de un proceso industrial, que da como resultado un producto más fino, pero libre de los componentes fundamentales del cereal. De este modo, estamos renunciando a los nutrientes y a las propiedades que podemos obtener de ellos.  Esto sucede de manera independiente a que procedan del arroz, del trigo, del maíz o de cualquier otro cereal.

Al retirar la fibra natural, nos encontramos con harinas con alto índice glucémico y con menor poder saciante. Esto quiere decir que tendremos que consumir mucho más producto para quitarnos el hambre y, de paso, aumentar nuestros niveles de glucosa en sangre. 

Las harinas blancas refinadas aparecen en recetas industriales como las pizzas, la bollería industrial, sándwiches o hamburguesas.  Productos que, por lo general, nos invitan a seguir comiendo a pesar de haber ingerido más azúcar y calorías de las necesarias. Algo que no pasa con el pan tradicional, cuyo efecto saciante evita esto.

¿Qué pan tengo que comer?

Por tanto, sí, podemos comer pan si no tenemos alguna enfermedad o pauta médica que nos lo impida. Pero atendiendo a las premisas sobre las harinas blancas refinadas, hemos de huir de los procesos industriales y apostar por panaderías tradicionales. ¿El motivo? Sus niveles de fibra los convierten en mucho más sanos que cualquiera que utilice harinas tratadas para facilitar su producción y su acabado.

Pero ¿qué pan tengo que comer? A continuación, te dejamos una lista sobre los panes más recomendados y sus propiedades. Porque ya sabes, la alimentación es un pilar clave del bienestar y para Santa Teresa, que lo consigas es el objetivo.

Integral: este pan contiene la mayoría de los componentes del grano. De este modo, nos beneficiaremos de todas las propiedades que nos ofrece su fibra. La vitamina B, el calcio o el fósforo son algunos de sus aportes, pero, además, nos ayudará en nuestro sistema digestivo y a controlar el azúcar en sangre.

Salvado: es el siguiente nivel en cuestiones de pureza. En este caso, a la harina blanca se le añade parte del germen que previamente se había retirado. De este modo, se mantiene parte de los beneficios, y su sabor será más cercano al del pan común.

Blanco: se trata del pan de mesa habitual y el más comercializado. Está elaborado con harina libre de germen, pero, como ya hemos comprobado, si se obtiene a través de procesos tradicionales, es saludable y recomendado para nuestro día a día.

Centeno: este cereal contiene menos gluten, y por tanto es perfecto para aquellas personas que buscan reducir su consumo (pero cuidado, porque sigue teniendo gluten). Por el contrario, contiene muchos más hidratos de carbono y fibra que el trigo. Lo podremos reconocer por su característico color oscuro.

Espelta: regula el metabolismo gracias a su alto contenido en fibra y nos ayuda a mantener a raya el colesterol. Tiene un sabor muy intenso y con matices dulces, algo que llama la atención y nos permite jugar con otros ingredientes.

En cualquier caso, el pan forma parte de nuestra cultura gastronómica y podemos incluirlo en nuestro menú diario si sabemos cuál es el adecuado para nuestro organismo.  La OMS recomienda consumir doscientos cincuenta gramos al día y lo marca como clave en cualquier dieta equilibrada. Ahora te toca a ti elegir y disfrutar de su sabor.